Ricardo Palmieri

La tarjeta personal: el otro vendedor silencioso

Por Ricardo PalmieriLos británicos dicen “Never judge a book by its cover”. Sin embargo, a pesar del sabio consejo, aún hoy las personas son evaluadas por las tarjetas personales que entregan.Considerando este factor, será bueno conocer ciertas claves para hacer de la tarjeta una efectiva herramienta de comunicación.

Elección del nombre

 

Alguien decía que no hay palabra más valiosa para cada ser humano que su propio nombre.

Pero está claro que no siempre el nombre que uno ha recibido es memorable.

El consejo general es utilizar un solo nombre y un solo apellido. Los artistas son expertos en esto: Adrián Suar, Laura Novoa, Federico Luppi.

Algunos de estos nombres son reales. Otros, prestados o inventados.

Y no hace falta ser parte del mundo artístico para optar por un nombre que ayude a “vender”.

Por empezar, los nombres de pila completos no agregan nada: “Joaquín Carlos” es menos recordables que “Joaquín”.

En cuanto al apellido, cada individuo no posee un solo apellido sino cuatro, y remontándose hacia atrás, muchos otros.

Los apellidos españoles –en especial, los castellanos– se han transformado en “trasparentes”: Fernández, Martínez, Pérez, García, tienden a confundirse. Algunas personas han optado por agregar el materno, y así lograr una diferencia, aunque perdiendo síntesis. Lo más indicado es usar sólo el materno.

Los apellidos con exceso de consonantes también son poco aptos. En este caso, el camino más conveniente es la versión fonética o un apócope: “Jerzovich” o “Jerzo” en lugar de “Herzovitch”, o “Manyi” en vez de “Mangipietri”.

Por último, hay que recordar que el uso de un apellido “artístico” es totalmente legal, siempre que el mismo se limite a un ámbito comercial.

 

 

Definición de la actividad

 

Si la persona es licenciada en psicología, pero se ha dedicado a la heráldica, es mejor colocar en su tarjeta únicamente “Experto en Heráldica”.

En cambio, si se ha orientado al outplacement, podrá indicar “Licenciado en Psicología. Especialista en Outplacement”.

 

Disposición de los datos

 

Más allá de su ubicación en el espacio, una tarjeta personal profesional debería presentar los datos de este modo:

 

Julián Sierras

Licenciado en Comercio Exterior

 

Av. Las Heras 12345, 1º A

C1234ABC Buenos Aires, Argentina

T.  (54-11) 4567-XXXX

     (54-911) 15-6789-XXXX

juliansierras@juliansierras.com

www.juliansierras.com

 

Hay varias razones que hacen que ésta sea la disposición utilizada habitualmente por los principales estudios de identidad corporativa.

Todas tienen relación con la síntesis y la optimización de la comunicación.

 

Primeramente, se indica el nombre y apellido del titular de la tarjeta.

A continuación, su campo de acción. Esto es fundamental para quien guarda la tarjeta, pues de no mencionarse este dato, luego olvidará a qué se dedicaba quien se la entregó y terminará desechándola.

Luego aparece la dirección física o postal. Incluso en estos tiempos de virtualidad, estos datos son imprescindibles pues le dan mayor credibilidad a quien entrega la tarjeta.

La calle debe indicarse con el menor número de palabras posible, salvo que haya dos arterias de nombre parecido, como sucede en “José Pacheco de Melo” y “Ángel Pacheco”.

El piso, y el departamento y oficina se indican simplemente con “1º A”, sin necesidad de usar comillas en la letra o número de los dos segundos. También son innecesarios “Piso”, “Departamento”, “Depto.”, “Of.”, “Oficina”.

A continuación, se detalla el Código Postal Argentino, disponible en www.correoargentino.com.ar. Éste se encuentra en plena vigencia. Omitirlo implica un retraso en la entrega de la correspondencia y una falta de actualización por parte de quien encargó la tarjeta.

En cuanto a la localidad, “Buenos Aires” es recomendado por sobre “Capital Federal”, “Cap. Fed.”, “Ciudad Autónoma de Buenos Aires” o la críptica “C.A.B.A.”.

Cuando se trate de una localidad del Gran Buenos Aires, lo que corresponde es, por ejemplo, “B1638DEF La Lucila, Buenos Aires, Argentina” o “B1638DEF La Lucila, BA, Argentina”.

En otras ciudades, como Córdoba, nombre de la capital y de la provincia a la vez, bastará con mencionar “X5001ABC Córdoba, Argentina”.

En cuanto al teléfono, no es necesario poner esa palabra: basta con “T.”, “Tel.” o el símbolo correspondiente.

A continuación, “54” indica el código de Argentina, y “11”, el de Buenos Aires.

Si quien va a preparar su tarjeta considera que su ámbito de acción está limitado a Argentina, puede obviar el “54” y colocar sólo “011”. En este caso, también deberá quitar “Argentina”. Hoy por hoy, la globalización implicar estar abiertos al mundo y facilitarle siempre al potencial cliente, o empleador, todos los datos para acceder rápidamente.

En el caso del teléfono celular, es redundante citar “Cel.” o “Tel. celular”. Debe tenerse en cuenta, también, que para quien llama desde el exterior, el prefijo es “(54-911)”, en el caso de quien reside en Buenos Aires. Volviendo al ejemplo de la ciudad de Córdoba, aquí se consignará “(54-9351)”.

 

 

Elección de colores, cartulina, impresión

 

Se sugiere que la tarjeta no tenga más de dos colores, siendo uno de ellos, generalmente, el negro.

Una tarjeta monocromática da idea de poca calidad. Una tarjeta de cuatro ó más colores, implica un despliegue innecesario a menos que la actividad tenga directa relación con ello.

Una tendencia, ahora en retirada, es la de utilizar letras en relieve. No se la sugiere, justamente, porque se ha hecho un uso abusivo de ella.

La cartulina de la tarjeta debería ser lo más pesada posible. En algunas imprentas, utilizan cartulinas de 400 g ó más, pero no son la mayoría. Vale la pena recorrer varias para descubrirlas.

La rigidez de la cartulina es, así mismo, parte del lenguaje de la tarjeta.

Y en lo referente a su textura, las más recomendables son las lisas, o  verjuradas o vergé. Otras opciones, como las teladas o las recicladas sólo valen si la profesión de quien encarga la tarjeta tiene vinculación con ellas.

En cuanto al sistema de impresión, hasta el presente nada ha superado la calidad que se obtiene en las imprentas tradicionales. Por eso, se desaconseja la modalidad “casera”, incluso la hecha con equipos de alta calidad.

 

 

La calidad que se toca

 

Siempre se dijo que el packaging es como un “vendedor silencioso”: éste debe cautivar al cliente desde la góndola para que elija el producto que contiene, y no a su competidor más cercano.

Con la tarjeta personal, sucede lo mismo. Una tarjeta de calidad le transfiere a su titular ese atributo, y hace que se destaque cuando, tiempo después, queda en el tarjetero de quien la recibió.

 

 

 

 

 

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