Diseño

La colonia de verano donde los chicos fabrican autitos eléctricos

En verano, no todo es pileta y pelota. Imaginate una colonia de vacaciones que no se parezca en nada a todas las demás: un lugar donde el ritmo no lo marca el silbato del profe, sino tus ganas de jugar con cosas nuevas. Ese lugar existe y Autoblog lo visitó: se llama Trix.

Trix es el taller de tecnología que Patricia Brizzi y Rubén Juárez ofrecen para chicas y chicos, de 6 a 12 años. Dos días por semana, una casona de la Zona Norte del Gran Buenos Aires se llena de cajas de Lego DactaLego Technic, microcontroladores, cámaras de 360 grados, impresora 3D y lápices 3D. Con todo eso, durante el verano, los chicos construyen vehículos, elevadoras y otras máquinas.

Rubén explica así las reglas de Trix: “Cuando llegan, los chicos primero juegan con lo que ya conocen: dejamos que arranquen guiados por sus propios intereses. Por ejemplo, algunos arman autos. Pero cuando les quieren poner los motores, descubren que el diseño queda incómodo. Ahí es donde aprenden a rediseñar, para ajustar la construcción a lo que debe llevar adentro el vehículo que pensaron. En ese trayecto, les vamos ofreciendo efectores, como luces o sirenas, que ellos eligen si quieren agregar a sus creaciones”.

A medida que avanza el juego, el trabajo se puede volver más complejo y desafiante: “Más tarde les ofrecemos sensores para que, por ejemplo, puedan prender las luces automáticamente o detectar obstáculos por el sonido. Y después vienen los microcontroladores. Ahí los chicos descubren que tienen que idear y programar secuencias. Se les va complicando. Acá hay mucho ensayo y error.

En paralelo, hay una impresora 3D, por si necesitan fabricar una pieza que no tienen. Para eso, ensayan modelos con el lápiz 3D o el software de modelado. Porque lo importante, siempre, es aprender el proceso. No hay presión sobre el producto o los resultados: Patricia y Rubén dan lugar a las dudas, las pruebas y el tiempo que cada uno necesite.

En la mesa, donde todo está desplegado para estar al alcance, Patricia muestra cómo uno de los chicos fue probando la relación entre engranajes, hasta que apareció el concepto de caja de cambio“Y ahí aparecen la Física y la Matemática, con nociones que aprenden mientras juegan. Es que eso es lo que hacemos hace 25 años: divulgar la ciencia con el espíritu Maker o Hacker. Los chicos aprenden mientras hacen. Y, de paso, le sacamos a la palabra hacker su valoración negativa. Porque cuando vos arreglás tu aspiradora, sin llamar al técnico, sos un hacker. Somos hackers cuando desarmamos algo, vemos qué tiene adentro y hacemos nuestra propia versión”.

Como dice Rubén: “Pasás de ser consumidor a productor. Le das una segunda oportunidad a las cosas”.

A veces, cómo no, a los chicos y chicas les agarra como a Míster Business(¿ya vieron ‘Lego Movie’?) y no quieren desarmar sus proyectos. Para no quedarse sin material para seguir trabajando, idearon el SmartTrix: un kit de bajo costo, que cada chico se puede llevar a su casa, para atesorar o volver a armar. Tiene sensores, piezas ensamblables y correas, que se consiguen en ferreterías y casas de electrónica.

Los chicos están cómodos en un ambiente amplio y luminoso. Pasan de sentados a parados. Construyen o miran el trabajo del otro. Preguntan a los grandes o a sus compañeros, porque la premisa es que “todos sabemos algo”. Se toman un respiro y van a la cocina, se sirven agua, conversan de sus vidas o se tiran a leer algo que les gustó de la biblioteca de Tierra Fértil, el espacio de aprendizaje y juego donde se desarrolla el taller. También pueden salir al jardín. En las tardes de calor, pileta.

Estos profes fueron pioneros en hacer la tecnología accesible para los chicos en Argentina. Cuando en los años ’90 dejó de existir la materia Actividades Prácticas, luego del cambio de la Ley de Educación, ellos arrancaron con Robótica en una escuela pública en el Parque Las Heras de Buenos Aires. Como la propuesta tuvo buen recibimiento, los padres de la cooperadora se pusieron de acuerdo para sostener la actividad después del horario escolar. Los 40 minutos quedaban cortos.

Patricia y Rubén le hacen honor a su generación. Son hijos de los principios del Logo, ese lenguaje para computadoras creado por Seymour Papert con fines educativos. Ellos ya saben lo que hoy algunos educadores recién descubren: que los chicos deben poder jugar y crear de modo autónomo; que sus producciones responden a los modelos culturales propios y que sus tiempos evolutivos deben ser respetados para que el aprendizaje ocurra de forma armónica.

Vito Cristófalo y Lola Tyrrell
Para saber más: Trix en Facebook y Trix en Tierra Fértil 

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