David Gomez Gomez

7 Lecciones de Emprendimiento de mi Abuela

Mi abuela Lucía con mi abuelo Miguel, su amor eterno.
Mi abuela Lucía con mi abuelo Miguel, su amor eterno.
Su sonrisa contagiosa y el amor por su trabajo, mi mayor inspiración
Concurso empresarial Piononos y Tortas, haciendo honor al Packaging
Concurso empresarial Piononos y Tortas, haciendo honor al Packaging

Estas lecciones no se aprenden en ninguna escuela, solo en la universidad de la vida. Aquella que como emprendedores recorremos todos los días y de la cual adoptamos los principios y valores que guían nuestro destino.

Todos tenemos una deuda de gratitud con aquellos que han luchado incansablemente para que hoy podamos ser lo que somos. Nuestro éxito no es realmente de nosotros; es de nuestros padres, abuelos y bisabuelos, quienes se sacrificaron por años para que hoy podamos tener la vida que tenemos.

Si somos lo que somos, es gracias a ellos que abrieron el camino para que pudiéramos tener la educación que ellos no tuvieron; para que pudiéramos viajar lo que ellos no viajaron; para que pudiéramos soñar más allá de lo que sus sueños lograron volar. Gracias a esos súper héroes es que hemos podido acceder a las oportunidades que a ellos nunca se les presentaron.

Cada familia alberga magia y sabiduría.

Mi abuela

Así como hace algunos unos años escribí 7 Lecciones de Servicio al Cliente de mi Madre y 7 Lecciones de mi Padre para la Vida y los Negocios, hoy quiero agradecer a mi abuela por las sabias lecciones que me dejó durante el tiempo que trabajamos juntos con Piononos & Tortas, mi primer emprendimiento oficial a finales de los años ochenta.

Fue la oportunidad de conocerla, no solo como abuela, sino como empresaria aguerrida, luchadora, soñadora e invencible. Obsesionada por sacar su familia adelante y por sus piononos, sus amados pasteles de tradición familiar centenaria.

A ella, mi eterna gratitud y admiración.

Mi abuela Lucía nació en Aguadas (Caldas), Colombia, en 1933. Se casó muy temprano como era común en su época. Enviudó a los 22 años, quedando con dos niñas pequeñas, mi tía y mi madre, por lo cual tuvo que migrar al Valle del Cauca en busca de un mejor futuro para sus hijas. Años después se encontró con quien se convertiría en el amor de su vida, mi abuelo Miguel.

Murió en el año 2001 a los 67 años, pero sus lecciones retumban cada día en mi mente como si fuera ayer; porque me enseñó algo que ninguna universidad me enseñó: el poder de la voluntad.

Su sonrisa y sus recuerdos estarán en mi corazón por la eternidad.

Los centenarios piononos

Los piononos son un pastel que se hace sobre una base de bizcochuelo (parva), y el cual se rellena con manjar blanco (similar al arequipe o dulce de leche, brevas caladas y bocadillo a base de guayaba). Parte de una tradición familiar que empezó hace más de 100 años y que tiene su propia historia.

Infalible estrategia de marketing

Este mitológico pastel fue la base de Piononos & Tortas, el emprendimiento que tuve con mi abuela.

Implementamos una estrategia para conseguir clientes que nos funcionaba de maravilla: Tenía un cuaderno en el que anotaba los cumpleaños de todos mis compañeros de universidad y sus familiares.

Mi meta era sencilla: que cada uno de los 365 días del año tuviera al menos una persona a la cual pudiera ofrecer mis piononos y tortas.

Un par de semanas antes hacía las llamadas respectivas a mis compañeros de universidad recordándoles que su papá, mamá, tía, abuela, hermana, tío político, madrina, padrino, novia, ahijado, párroco, entrenador de fútbol, amigo, vecino o quien tuviera en la lista, cumplía años próximamente. Le recordaba que sería una muy buena ocasión y un detalle de fina coquetería comprarle un pionono o una torta para obsequiarle.

Y aunque no lo crea, además de vender, era algo que la gente agradecía, pues no todos lo tenían presente. Algunos me contestaban, ¡Uy hermano, siquiera me acordó! Si aun hoy en día con toda la tecnología, a la gente se le olvida el cumpleaños de los que “se supone” que le interesan en la vida, imagínese en esa época, ¡era un hit!

Nos fue tan bien que ganamos una mención de honor en un concurso de emprendimientos universitarios. Y para ser honestos, más que ciencia era pasión. Preocuparse por los demás, como me enseñó mi abuela. Simple pero bastante escaso.

Con mi abuela y mi hermano en la exhibición del concurso empresarial universitario.

Maravillosas historias que marcaron una hermosa etapa de mi vida al lado de la gran Lucía. Estas son sus invaluables enseñanzas.

7 lecciones de emprendimiento de mi abuela

Cada una de estas lecciones representa sus principios y la razón de ser de su trabajo, pero sobre todo, la esencia de su vida.

1) Calidad por encima de todo

Para mi abuela la calidad no era negociable.

Incluso era tan exigente, que prefería ella misma preparar cada ingrediente desde el comienzo, con el fin de garantizar sus altos estándares. Se involucraba en todo el proceso, desde calar las brevas hasta hervir el manjar blanco.

La calidad es el principio de todo.

Sin calidad cualquier acción comercial tendrá poco sentido. Aquí aplicaría la famosa frase de David Ogilvy, “Un buen marketing hace que un mal producto fracase más rápido”. Si no lo hace bien desde el comienzo, ni lo publicite. Ahórrese esa platica.

2) Siempre listos

Mi abuela era como los scouts: “Siempre lista”.

Como buen negocio familiar, sus principales clientes eran amigos y conocidos, a los cuales servía sin importar el día ni la hora. Hacía piononos el día de navidad, el día del trabajo, el día de las velitas (ascensión de la Virgen), el día de año nuevo, el día del árbol, el día del profesor, el día del niño, el día del planeta, el día del idioma, el día del ingeniero aeroespacial… en fin, ¿entiende la idea?, hacía piononos ¡todos los benditos días! Esa era su incansable vocación de servicio.

Estar siempre listos en nuestros negocios para atender a los clientes y cuidar que cada detalle se cumpla como esperamos es un trabajo de todos los días. Estar siempre listos implica sentido de urgencia y celeridad para resolver cada desafío. Aquí aplicaría el adagio popular, “Sin prisa pero sin pausa”.

3) Propósito superior

Un trabajo con propósito lleva a una vida significativa.

Por supuesto no le daba un nombre tan sofisticado. Para ella era una poderosa razón por la cual hacía su trabajo. Tenía una clara inspiración para levantarse cada mañana: Sacar su familia adelante.

Tener un propósito para cualquiera sea el trabajo que desempeñemos, es lo que hace la diferencia entre la inspiración y la desesperación. Conectarse con algo más grande que nosotros mismos y encontrar significado a las cosas, son dos grandes necesidades de nuestra especie.

El propósito es lo que le da sentido a la vida y nos alienta en los momentos difíciles. Es esa fuerza que nos mueve cuando literalmente no tenemos alientos de seguir adelante y queremos mandar todo al diablo.

4) Al mal cliente buena cara

O como diríamos coloquialmente, “hacer de tripas corazón”.

Mi abuela tenía una admirable paciencia para tratar con los clientes, especialmente con aquellos cuyo trato dejaba mucho que desear. Su paciencia era infinita. Tenía claro que por encima de todo estaba el negocio que le daba sustento a su familia, y que a veces había que sonreír aunque por dentro quisiera maldecir.

Aunque a veces nos encontremos con clientes no tan amables, es parte del proceso, es parte de lo que significa sacar un negocio adelante. Pero ojo, esto no significa que tengamos que aguantarnos todo y que por el hecho de que alguien sea cliente le de derecho a pasarse de la raya.

5) Ojo con la diversificación

Mi abuela no hablaba de diversificación, hablaba de focalización.

Hablaba de centrarse en aquello que sabía hacer mejor y construía sobre eso. Tenía claro que innovar en producto tenía sus límites. En esa época yo estaba empezando a estudiar administración de empresas y como es típico, uno cree que se las sabe todas. ¡Qué peligro!

Por supuesto, una de las primeras “genialidades” que tuve fue sugerirle que sacáramos otros sabores de piononos. Y gracias a Dios siempre lo tuvo súper claro, me decía con amor, “No mijo. Si al cliente no le gusta este que es el que tenemos controlado, que es el que hemos hecho por años, que es el que está probado… ¡pues que no lo compre!”.

No sabía si reírme o llorar. Me llevaba las manos a la cabeza, respiraba profundo y refunfuñaba para mis adentros. ¿En serio? mi abuela no entiende. Y obviamente el que no entendía era yo. Reconozco que en ese momento no lo veía, pero hoy le doy gracias. Siempre se mantuvo en lo que sabía hacer mejor. Por más tentaciones que hubiera, tenía claro cuál era su norte y me lo hacía saber.

¿Cuántas veces nos desviamos del norte al menor destello de la novedad del mes?, ¿o por la reflexión del último libro que nos leemos?, ¿la última conferencia a la que asistimos?, ¿o el amigo que nos da un buen consejo porque “él sí sabe”?

Por supuesto esto no significa que no debamos innovar. El punto es que tenemos que saber cuál es nuestra esencia y enfocarnos a muerte en ella. No se deje despistar. Manténgase firme en lo que sabe hacer y conviértase en el mejor del mundo; solo así logrará ser relevante para alguien.

6) El dinero es un medio, no un fin

Aunque por supuesto tenía claro que el dinero era necesario, nunca fue su motivación. Sabía que era algo absolutamente funcional. Madrugaba no por la plata sino por la satisfacción de trabajar en algo que le apasionaba.

Si en nuestros emprendimientos solo estamos preocupados por conseguir dinero, nos faltará esa chispa, esa llama que es la que nos impulsa a seguir adelante y a superar cualquier situación por desesperante que sea.

7) La alegría es la esencia de la vida

Esta es la más maravillosa lección que me dejó mi abuela.

Por encima de todo está la alegría, la pasión de vivir. Es así de simple. ¿Qué sentido tiene todo lo que logramos si no tenemos una sonrisa en nuestro corazón?, ¿qué sentido tiene acumular dinero si no disfrutamos cada momento y cada experiencia? La alegría lo es todo; y no depende del dinero, ni del éxito, ni de tantas cosas que queremos creer que tienen la respuesta.

Por más difícil que estuviera la situación, mi abuela nunca dejaba de sonreír, nunca dejaba de bailar, nunca dejaba de contagiarnos de su inagotable alegría. Qué pequeño me siento cuando recuerdo su grandeza.

Como alguna vez dijo el famoso actor Jim Carrey “Me gustaría que todos pudieran ser ricos y famosos y hacer lo que soñaron, para que se den cuenta que esa no es la respuesta”.

El trabajo es inspiración

El trabajo nos dignifica. El trabajo es inspiración. El trabajo es una maravillosa oportunidad de servir.

Somos parte de un infinito ecosistema que busca avanzar. Somos parte de la vida. Somos parte de la solución.

Continuación de la tradición

Actualmente la tradición la continúa mi tía abuela Luz María, quien en cada pionono incluye un breve texto que refleja su tradición:

“Hace ya más de un siglo, en Aguadas, un encumbrado y acogedor pueblo del Viejo Caldas, se inicio la tradición de elaborar un delicioso postre, con el fin de atender a propios y extraños. Es por eso que lo invitamos hoy, a que tenga el gusto de disfrutar junto a su familia y amigos, la calidad del auténtico Pionono Aguadeño; cuya receta ha sido celosamente transmitida de generación en generación”.

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Mi abuela Lucía con mi abuelo Miguel, su amor eterno.
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